Crisis económica y pandemia capitalista

Artículo publicado por Voz Obrera en su revista Lucha de Clase nº5

    A la pandemia de Covid le está sucediendo la pandemia de los despidos. Casi un millón de personas están en ERE y el desempleo se eleva a más del 16% de la población activa. Fruto de la crisis económica los amos del capital atacan las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera preparando una posible recuperación económica para aumentar sus beneficios. Hay un cierto interés de la clase dominante y el gobierno de culpar a la pandemia de esta situación. Sin embargo, la gran patronal está aprovechando la situación para despedir y preparar un escenario de precariedad laboral. En realidad la crisis económica del propio sistema capitalista está llevando a la catástrofe social a toda la sociedad. Cada vez es más evidente que el sistema es incapaz de resolver sus propias contradicciones sin destruir las fuerzas productivas, empobrecer el mundo del trabajo, la naturaleza o la salud de la población. La alternativa se convierte a pasos agigantados en luchar por el socialismo revolucionario o despeñarnos hacia la barbarie. Y es la clase trabajadora, por su papel en la sociedad, la que tiene la capacidad para mandar al basurero de la historia el sistema obsoleto del capitalismo.

¿Estamos ante una crisis económica y social provocada por la pandemia o es la agravación de la crisis sistémica del capitalismo? 

 Para las clases dominantes, el gobierno y los partidos parlamentarios tanto de izquierda como de derechas y los medios de comunicación en general, la pandemia ha provocado la crisis económica. Esta afirmación es una falacia que esconde la realidad de la crisis.

  Es una obviedad que la crisis pandémica, como en el resto del planeta, ha golpeado duramente nuestro país. Las medidas contra la pandemia han obligado a distintos confinamientos y toques de queda para frenar la curva de infecciones. Naturalmente el cierre de las actividades por los confinamientos han dado lugar a la paralización de la actividad económica y con ella la subida del desempleo hasta extremos increíbles. Ante la situación de parálisis económica, el aumento de la pobreza, las “colas del hambre”, las ayudas han sido insuficientes cuando no lentas y sobre todo la crisis la están pagando las clases populares y los trabajadores en general mientras, que la gran patronal ha salido beneficiada y rescatada sus actividades mercantiles y productivas sin pagar nada o casi nada. Además gran parte de las grandes empresas relacionadas con la salud, como la industria farmacéutica, o con las GAFAM[1], han obtenido beneficios extraordinarios y sus acciones en la bolsa de valores han subido como la espuma en una espiral especulativa que poco tiene que ver con la realidad.

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Sin embargo no podremos entender la crisis actual, la pandemia de despidos, el paro y la precariedad laboral que azota a la clase trabajadora, sin advertir que los problemas económicos de hoy, estaban ya presentes en nuestra sociedad, porque corresponden a la dinámica del sistema capitalista mundial en crisis. A partir de aquí tenemos que planteamos qué salida existe para la clase trabajadora en esta crisis económica y social que ha agravado la pandemia. Porque sólo con el análisis real y objetivo de la situación podremos superar la situación para que las luchas obreras puedan llegar a termino sin derrotas y haya un cambio social favorable hacia el socialismo.

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[1] El acrónimo GAFAM se refiere a las cinco grandes empresas tecnológicas estadounidenses: Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft.

La crisis económica actual es la agravación de la crisis no superada de 2008 

    Es innegable que el impacto de las medidas contra la pandemia y el propio desarrollo de la enfermedad han intervenido agravando la crisis económica ya presente y no superada de 2008. Y decimos presente porque ni el paro, la precariedad y la situación social y la carencia de personal y recursos de los servicios públicos se han solucionado. Es más, la patronal lleva una estrategia general de despidos en toda la industria y demás sectores económicos buscando precarizar la fuerza de trabajo para reducir costes salariales.

    La crisis mundial que ha desencadenado la pandemia ha supuesto la desaparición de miles de empleos, despidos masivos y el aumento de las cifras de paro que llegó en España hasta extremos increíbles en el periodo del confinamiento. Pero es falso creer que esta crisis económica y social es producto único de la crisis sanitaria provocada por la Covid-19.  La crisis sanitaria lo único que ha hecho es agravar la crisis económica anterior que había estallado en 2007 y 2008 con el hundimiento financiero internacional. Los datos empíricos y comprobables son irrefutables y estos muestran claramente que ni el paro, ni el crecimiento económico habían superado los índices anteriores a la última crisis. Es decir, el sistema económico en el cual vivimos, ha sido incapaz de solucionar las más elementales necesidades de las clases trabajadoras y populares como son el desempleo y un salario digno. Y ante una pandemia de estas características, ¿Cómo vamos a superarla si el propio sistema económico es incapaz de solucionar los más elementales problemas de la población? (Cuadro,1, 3)

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    Es ilusorio creer que pasada la pandemia, con la vacunación masiva y  conseguida la inmunidad de rebaño, se va a restablecer la economía volviendo al crecimiento económico. Ni el desempleo, los salarios o el PIB han superado los porcentajes anteriores a 2008, solo los beneficios empresariales se recuperaron, lo cual evidencia que la crisis la paga la clase trabajadora para los beneficios del capital. (Cuadro, 2).

   Veamos los datos. Desde la última gran crisis de 2007/2008 la economía mundial no ha recuperado los indicadores anteriores al crac financiero. La Gran Recesión, como denominan muchos economistas se instaló en nuestras vidas desde hace más de 12 años. En enero de 2008 había una tasa de paro del 13,8% y 2,26 millones de desempleados (Cuadro,1). En diciembre de 2019 había 3,16 millones de personas. Según el INE y la EPA del tercer trimestre de 2020, más de 3’7 millones de trabajadores, el 15,82% está en paro, pero ya en el tercer trimestre de 2019 el paro se cifraba en el 13.92%. Nunca se han recuperado las cifras de desempleo anteriores a 2007/2008. El crecimiento del Producto Interior Bruto, es decir todo lo que se produce en España en un año fue en 2007 de 3,8%, en 2018 fue del 2,8%. La caída del PIB, medidas en términos interanuales, asciende al -8,7%. La Comisión Europea prevé una caída media de un 7,4% del PIB para 2020 y 12,4% para España. (Cuadro, 2)

La crisis anterior, el crac de 2007/2008 produjo una caída de -4,0% en el tercer trimestre de 2009 y es la mayor caída en un tercer trimestre de toda la serie histórica.

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Por lo tanto los parámetros que indican que aumenta la producción, el intercambio de mercancías y su distribución no varían y se han mantenido durante años.

    En cuanto los salarios reseñar las apreciaciones del economista Santiago Niño-Becerra: En euros corrientes de cada año el salario medio en España ha pasado de 17.319 euros en el año 2000 a 26.535 en el 2017, lo que supone un aumento del 34,7%. Claro que en euros constantes la cosa es muy distinta: de esos 17.319 se ha pasado a 18.487 lo que implica un incremento del 6,3% en diecisiete años: el 0,37% medio anual. Para llorar, vaya.” (https://sninobecerra.com/lossalarios-en-espana/)

La salida a la crisis que plantea el gobierno de "progreso"

   Tanto el gobierno como los partidos mayoritarios de la “izquierda” que lo apoyan, plantean que la salida a la crisis será un hecho tras la vacunación masiva y la inmunidad de rebaño consiguiente. Se volverá a la normalidad y el crecimiento será en V. Con las ayudas actuales y venideras se podrá cambiar el “modelo” productivo, habrá un colchón amortiguador para las clases trabajadoras y una salida social y distinta al crac de 2007/2008. Ahora dicen que se ayuda “a las personas y no a los bancos”. Las herramientas para ello: las ayudas de la UE y los ERTE, con un presupuesto del Estado “expansivo” y la concertación social. Sin embargo las ilusiones en esta política y sus medidas chocan con la realidad del capitalismo y la estrategia de la gran patronal. Como en el resto de la UE se plantean cambiar “el modelo productivo hacia uno más digital, sostenible y resiliente”.

   ¿Y qué salida a la crisis plantean? El gobierno de “progreso”, junto a los sindicatos mayoritarios, confían en las ayudas de la UE. Se trata de ayudas para toda la Unión de 2 billones de euros entre el Marco Financiero Plurianual 2021- 2027 y el Plan Europeo de Recuperación (Next Generation EU). Ayudas, para España, por valor de 140.000 millones de euros, y ya ha dicho la CEOE que quiere 2/3 de ellas. De todas las ayudas, una parte será para pagar parte de la parálisis económica, y otra para “proyectos” para la “digitalización”, renovación tecnológica y la llamada “revolución 4.0”. Estas ayudas en principio se darán y supervisarán pero, dicen, no habrá contrapartidas sobre el déficit presupuestario que supondrán, es decir no habrá “austericidio” o recortes públicos.

   No obstante estas ayudas aumentarán la deuda europea con el sistema financiero, pues serán los bancos quienes harán negocio. El economista Juan Torres explicaba que uno de los problemas de estas ayudas es que “la Unión Europa vuelve a recurrir a los mercados para financiarse, obviando al Banco Central Europeo[2] . Lo cual significará una deuda descomunal en manos de los mercados financieros. Y todos sabemos como se pagó la anterior crisis, la deuda y el salvamento financiero que se realizó.

   Un sistema económico que vive y produce para la obtención de ganancias, en una competencia feroz por vender y obtener clientes sobre el competidor, sólo puede sostenerse si abaratando los costes fijos y salariales de sus mercancías productivas. Es decir aumentando la productividad introduciendo innovaciones tecnológicas y reduciendo salarios. Es por ello que miles de trabajadores están en paro, otros en ERTE y ERE y la precariedad laboral que asola a una mayoría de la clase trabajadora. En el capitalismo “la producción de plusvalía, la obtención de lucro; tal es la ley absoluta de este sistema de producción”.[3] No por muy buenas intenciones que se tengan se pueden solucionar los problemas derivados de la propia naturaleza del capitalismo. La realidad es tozuda. Federico Engels escribió en su crítica a Dühring que “la realidad histórica que ha echado por la puerta vuelve a entrar por la ventana”. Creer que se puede reformar el capitalismo mejorando los aspectos más injustos, manteniendo la explotación social del trabajo nos llevará al mismo sitio: la crisis, el paro y la precariedad. Más tarde o más temprano la realidad volverá a imponerse. Algunos sindicalistas se llevan las manos a la cabeza cuando la patronal, pudiendo escoger los ERTE, plantean los ERE con el despido de parte de las plantillas. No es cuestión de mala fe o moralidad, es una necesidad del periodo de crisis del capital, es su naturaleza, si quieren obtener beneficios a futuro tienen que precarizar la fuerza de trabajo.

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[2] Juan Torres, “Europa salva los muebles… de momento”. Blog. “Ganas de escribir”. juantorreslopez.com

[3] En la producción capitalista, “la finalidad de este acto es explotar el capital, producir mercancías, que encierran más trabajo del que paga el que se las apropia y que, por tanto, contienen una parte de valor que al capitalista no le cuesta nada y que, sin embargo, puede realizarse mediante la venta de las mercancías.” K. Marx. EL Capital, Libro I, TIII, Capitulo XXIII, pág. 77. Akal.

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     Carlos Marx en el siglo XIX estudió la naturaleza del modo de producción capitalista y describió sus características, que no han variado porque llevan en sí mismo, en su naturaleza misma, la explotación del trabajo. La precarización que le llamamos hoy es la “pauperización” de la clase trabajadora que Marx describió y el desempleo actual de millones de personas no es más que “el ejército industrial de reserva”, como lo denominó, que el capital necesita para obtener beneficios. “Y cuanto mayor es este ejército de reserva en proporción al ejército obrero en activo, más se extiende la masa de la superpoblación consolidada, cuya miseria se halla en razón inversa a los tormentos de su trabajo. Y finalmente, cuanto más crecen la miseria dentro de la clase obrera y el ejército industrial de reserva, más crece también el pauperismo oficial”.[4] Es una necesidad del sistema de acumulación capitalista para mantenerse. Por ello no solo es ilusorio y utópico pensar que con las medidas del gobierno y la concertación social no habrá despidos. Es más, llevar una estrategia obrera que no se oponga a la estrategia del capital es llevar a los trabajadores y a la sociedad al callejón sin salida de la crisis permanente.

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[4] Y en el mismo párrafo: “Cuanto mayores son la riqueza social, el capital en funciones, el volumen y la intensidad de su crecimiento y mayores también, por tanto, la magnitud absoluta del proletariado y la capacidad productiva de su trabajo, tanto mayor es el ejército industrial de reserva. La fuerza de trabajo disponible se desarrolla por las mismas causas que la fuerza expansiva del capital. La magnitud relativa del ejército industrial de reserva crece, por consiguiente, a medida que crecen las potencias de la riqueza.” K. Marx. EL Capital, Libro I, TIII, Capitulo XXIII, pág. 111. Akal

La patronal prepara su salida a la crisis

     En noviembre del pasado año la CEOE publicó un documento que tituló “Documento marco para la recuperación, la transformación y la resiliencia de la economía española. Perspectiva y contribución empresarial al Plan “España Puede” ”. Detrás de toda una verborrea vacía, de un documento publicitario y de propaganda patronal se entrevén las líneas de actuación del capitalismo español para recuperar y aumentar las tasas de beneficios que la crisis de su propio sistema desarrolla. No hay que olvidar que el capitalismo es un sistema económico que produce para la ganancia a través de la competencia y la posesión privada de los medios de producción.

     En este documento aparecen las líneas maestras de su estrategia que estamos viendo reflejado en todos los conflictos laborales actuales. El capital busca dinero público de las subvenciones estatales para renovar sus medios de producción con las nuevas tecnologías, reducir los impuestos a sus beneficios, obtener procedimientos legales para conseguir una mano de obra “flexible”, barata y a su disposición y finalmente obtener nuevos negocios a través de la privatización de servicios y el premio gordo del dinero de las pensiones.

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    En resumen, pretenden obtener ayudas estatales de la UE para reconvertir las empresas introduciendo nuevas tecnologías, inversiones en los sectores con perspectivas de ganancias potenciando el sector privado y utilizar al Estado para “la inversión en infraestructuras es clave para el aumento de la  productividad”. Es decir que el Estado con dinero público les contrate para obras públicas e infraestructuras y en lo que llaman “colaboración público-privada” que no es más que seguir utilizando las empresas públicas para ganancias de la privada como actualmente se hace en el sector sanitario. Para ello hay que “simplificar los trámites administrativos” para recibir las ayudas en los proyectos y “medidas económicas urgentes como continuación de las aplicadas durante el estado de alarma (principalmente, financiación avalada, ERTES y diferimientos de tributos)” y finalmente no podían faltar “incentivos fiscales y/o avales públicos”. No podía faltar tampoco su exigencias de reformar las pensiones y equilibrio presupuestario del Estado. Y entre las reformas estructurales que proponen está el fomento de “un mercado laboral flexible y adaptativo[5].

    En definitiva como decíamos al principio, la gran patronal quiere reducir los costes de producción a través de la renovación tecnológica y de la fuerza de trabajo acrecentando su precarización. Para ello necesita procesos de trabajo, tecnología y maquinaria que produzca más, en menos tiempo y mano de obra disponible de bajo coste. Para eso tiene que despedir y sobre todo eliminar al personal laboral con mejores condiciones de trabajo y de mayor edad, “ajustar plantillas” para a través de ETT, subcontrataciones y temporalidad disponer de plantillas de trabajadores “baratos” y “flexibles” es decir utilizarlos cuando el ciclo de producción convenga. Ahora te contrato, ahora te despido. En esta situación los ERTE no convienen porque en medianas y grandes empresas supone mantener las condiciones de trabajo anteriores; convienen los ERE, pues estos permiten poder contratar después en las nuevas condiciones de trabajo precarias. Las últimas luchas en el sector aeronáutico así lo prueban. En este sector, al igual que en los demás sectores industriales, la estrategia patronal es la misma. Por ejemplo, en Alestis, como ahora en Aernnova, que está en lucha contra los despidos, las propuestas de la patronal es deshacerse de la plantilla más veterana y proponer bolsas de trabajo con empresas de trabajo temporal como Manpower.

La estrategia del capital: despidos para precarizar el mundo del trabajo

Una oleada de despidos se ha cernido sobre las espaldas de la clase trabajadora durante 2020. A la pandemia de la Covid 19 le está sucediendo la pandemia de los despidos. Hasta ahora casi un millón de trabajadores están en proceso de despidos colectivos (ver cuadro 4). A ellos habría que sumarles los cientos de miles de despidos  individuales  que se han  ido sucediendo y los cierres de  los

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[5] Las cursivas de este párrafo son textuales del documento de la patronal citado al principio del apartado.

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autónomos que han ido a engrosar las cifras del paro. Por otra parte cientos de miles siguen en ERTE, despedidos temporalmente y sostenidos por el subsidio de paro. ¿Cuántos de ellos se convertirán en despidos definitivos? Todavía no lo sabemos a ciencia cierta pero sin duda serán miles de personas abocadas a esta situación.

     Pero no debemos llevarnos a engaño: “los ajustes” de plantilla no se ha dejado de realizar en los últimos años posteriores al crac de 2008. A cada crisis le sigue un periodo de despidos que aumenta la precarización del empleo. Como se indica en el cuadro 4, los procedimientos de despidos colectivos, ERE, se han disparado en la pandemia, existiendo como existe la posibilidad de los ERTE. Grandes empresas como Vodafone, Cemex, Alcoa, Nissan o Airbus anunciaron ya despidos y ajustes de plantillas o comenzaron a realizarlo en 2019. En septiembre de 2019 Telefónica anunció que 1.600 millones de euros para costear el nuevo Plan de Suspensión Individual (PSI) que permitirá la salida de forma voluntaria de la empresa en España a en torno a 2.800 trabajadores. El sector bancario ha destruido más de 95.000 empleos desde la crisis de 2008. Caixabank y Banco Santander, ya anunciaron que ajustarían su empleo. En consecuencia la pandemia sólo ha sido la patada a la pelota que ha desatado y multiplicado el ajuste de plantillas. La Covid ha sido la excusa perfecta para desarrollar lo que ya estaba previsto por la gran patronal.

¿Esto significa precarizar aún más la clase trabajadora? Sí, porque quieren despedir a los trabajadores que hasta ahora tienen condiciones de trabajo más seguras y dignas. La situación de la clase trabajadora en general en Europa, en el mundo capitalista más desarrollado y en especial en nuestro país, está a un nivel de precarización muy avanzado entre los jóvenes (ver cuadro, 5 y 6). 

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La precariedad laboral incide mucho más entre los jóvenes que llega al 58% que entre los trabajadores más veteranos.

     Durante el boom inmobiliario previo a la crisis de 2008, mejoró ligeramente la proporción de personas que entraban con un contrato indefinido. Eran entre el 18% y el 20%. Sin embargo, con la crisis este porcentaje descendió al 15%-16%. Pero esta tendencia a la temporalidad y precariedad se abrió paso en 1973 con la primera gran crisis del capitalismo posterior al ciclo de expansión económico provocado por el fin de la II Guerra Mundial. En España se reflejó en el Estatuto de los Trabajadores de 1980 con la permisividad legal de contratación temporal y despido. Un informe del Banco de España en 2019 reflejó que “en la actual expansión - posterior a la crisis- no se aprecian grandes cambios en la creación y destrucción de puestos de trabajo respecto a lo observado entre 2006 y 2007[6]. En su informe describe que mientras que el ciclo de crecimiento económico se expande la creación de empleo se mantiene baja y la destrucción y creación de empleo se mantiene por debajo del crecimiento del PIB, lo cual indica que los beneficios empresariales se realizan a costa de una precarización del mundo laboral cada vez más acentuada. La contratación nueva se hace con los trabajadores en precario (ver cuadro 7).

Naturalmente las reformas laborales y los cambios legislativos no han hecho más que propiciar esta tendencia. 

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[6] Banco de España. Boletín económico 1/2019 Informe trimestral de la economía española. bde.es

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  Cuadro 7 y 8   

     ¿Por qué esta tendencia hacia la precarización y el desempleo del capitalismo? Es la dinámica de la acumulación de capital, que tiene sus leyes que actúan como tendencia en la economía y la sociedad. Es un régimen económico y social que no puede impedir sus propias contradicciones, porque son inherentes al propio sistema capitalista que mantiene una crisis permanente desde hace años.

   Marx estudió el sistema capitalista y describió los elementos constituyentes de este sistema de producción, su entrelazamiento entre ellos y la relación social que permitía su funcionamiento. De este funcionamiento se deduce la imposibilidad de reformarlo.

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     Como sistema económico y social es histórico es perecedero y ya ha llegado a un agotamiento de sus posibilidades. “Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí.” Hoy, en plena pandemia, vemos como la propiedad privada de los medios de producción indispensables para la vida como la electricidad o la salud impiden beneficiar a la sociedad. Los intereses privados chocan con el interés público. La contradicción entre los intereses privados de los grandes medios de producción y los intereses de toda la sociedad impiden la solución de problemas sociales, económicos elementales.

Leyes de la acumulación capitalista

El capitalismo es tan sólo una forma histórica particular de organización económica y social. La producción capitalista es guiada por la ganancia. Las relaciones de producción capitalistas los procesos individuales de trabajo se llevan a cabo con la esperanza de obtener una ganancia privada. Cada capitalista es impulsado a buscar y agrandar la brecha entre la inversión inicial y la obtención de un beneficio final.

Los inversores - accionistas, grandes propietarios de capital, de empresas etc.,- que sean más exitosos prosperan y crecen, quienes se queden atrás, perdiendo dinero o no ganando el suficiente, pronto enfrentarán a su desaparición. Por ello el ansia de ganar dinero, de revalorizar los capitales invertidos es la función, el objeto y el fin del capital, y de las grandes empresas privadas. El desarrollo del capitalismo no ha variado en lo esencial desde sus inicios. Marx explicaba como “la lucha competitiva se libra mediante el abaratamiento de las mercancías”.[7]

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[7] La baratura de las mercancías depende, (…), del rendimiento del trabajo y éste de la escala de la producción. Según esto, los capitales más grandes desalojan necesariamente a los más pequeños. Recuérdese, además, que al desarrollarse el régimen capitalista de producción, aumenta el volumen mínimo del capital individual necesario para explotar un negocio en condiciones normales. (…) Aquí, la concurrencia actúa vertiginosamente, en razón directa al número y en razón inversa al volumen de los capitales que rivalizan entre sí. Y termina siempre con la derrota de los muchos capitalistas pequeños, cuyos capitales son engullidos por el vencedor, o desaparecen. K. Marx. EL Capital, Libro I, TIII, CapKitulo XXIII, pág. 87. Akal.

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     Un ejemplo actual en la gran industria. Airbus obtuvo un beneficio de 3.054 millones de euros en 2018, pero tuvo que pagar multas por valor de casi 3.600 millones de euros en 2019 por prácticas corruptas ante los tribunales internacionales de la competencia. Su competidor Boing y EEUU denunciaron a la trasnacional europea. La OMC ha dictado sentencias tanto a favor de EEUU como de la UE para aplicar sanciones a los productos de Boing y Airbus respectivamente por haber recibido ayudas estatales que lastraban la “libre competencia”.

    El periódico Cinco Días publicaba en 2018 que “Las acciones de Airbus se desploman un 6% en la Bolsa tras la publicación por parte de Le Monde de que la empresa está siendo objeto de investigación por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos. En concreto, Airbus estaría siendo investigada en un caso de soborno”. Se trataba de la feroz competencia entre las dos grandes empresas que hemos reseñado en el párrafo anterior. Si las acciones bajan los propietarios de éstas pueden vender para comprar otras en alza como, por ejemplo en la actualidad, pudieran ser las de Amazon o Pfizer por la pandemia.

El capital invertido en Airbus busca revalorizar su empresa y su capital - que no es más que trabajo acumulado- intentando que su producción sea más barata, es decir se produzca más en menos tiempo, para atraer en el futuro más clientes. Entonces tiene que abaratar costes y estos se hacen de dos maneras: introduciendo nuevas tecnologías y métodos de trabajo que produzcan más mercancías, en menos tiempo y mejores y abaratar la fuerza de trabajo, esto es bajar los salarios de la mano de obra, para aumentar así la producción no retribuida al trabajador. La primera forma es costosa, necesita de inversión en ciencia y tecnología y aunque tenga ayuda del Estado necesita de un gran desembolso de capital. “la ley de la producción capitalista (…) se reduce sencillamente a esto: la relación entre el capital, la acumulación y la cuota de salarios no es más que la relación entre el trabajo no retribuido, convertido en capital, y el trabajo remanente indispensable para los manejos del capital adicional.(K. Marx. EL Capital, Libro I, TIII, Capitulo XXIII, pág. 87. Akal)

Por ello las empresas se ven abocadas a reducir, ajustar plantillas, bajar los salarios, “flexibilizar” la mano de obra, en resumidas cuentas precarizar el empleo. No es casualidad que a mayor “innovación” mayor precarización laboral. Y esto es así, es una ley intrínseca al proceso capitalista porque la ganancia, los beneficios, la plusvalía nace de la diferencia entre lo que produzca el trabajador y la masa salarial invertida. Una vez realizada esa plusvalía, es decir vendidas las mercancías y recaudado el beneficio

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en dinero, parte de esa plusvalía se reinserte de nuevo para seguir obteniendo ganancias. Es la única vía de beneficios de los capitalistas, el trabajo humano. A este proceso -inversión/ producción/venta y obtención beneficios-, en el cual se reinvierte la plusvalía obtenida del trabajo humano, se le llama acumulación de capital. Es una espiral de vuelta empezar y que marca el crecimiento de la economía. Cuando este proceso se interrumpe el sistema entra en crisis. La causa general de las crisis no son más que la incapacidad del mercado solvente de comprar o vender las mercancías producidas.

Sin embargo el desencadenante puede ser tanto una causa externa como la pandemia actual, como una causa financiera como en el 2007/2008. Actualmente las causas financieras proclives a la quiebra financiera no se han eliminado. La especulación bursátil está creando burbujas especulativas que aumentan el precio sobrevalorado de las acciones, así al igual que la acumulación de deudas y prestamos impagables, se corre el riesgo de otra gran quiebra que desemboque en depresión. Este riesgo es real. El mundo se encuentra sensiblemente más endeudado que en el periodo inmediatamente anterior a la última crisis, un 160% más. El 3 de enero el periódico La Vanguardia titulaba: “Los mercados ante 2021, ¿resistirá la madre de todas las burbujas?”. Al final es la esfera de la producción de bienes y servicios la que determina el valor real de las cosas en nuestra sociedad y la que paga realmente las crisis y con ello el mundo del trabajo.

Porque inevitablemente el mundo del trabajo produce todo y recibe sólo una parte de ello a través de su salario. Como explicaba Marx. “La razón última de toda verdadera crisis es siempre la pobreza y la capacidad restringida de consumo de las masas, con las que contrasta la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como si no tuviesen más límite que la capacidad absoluta de consumo de la sociedad[8].

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[8] “Supongamos que toda la sociedad esté formada simplemente por capitalistas industriales y obreros asalariados. Prescindamos asimismo de los cambios de precios, que impiden a grandes porciones del capital total de la sociedad reponerse en sus proporciones medias y que, dada la trabazón general de todo el proceso de reproducción, tal como se desarrolla gracias al crédito, tiene necesariamente que provocar siempre paralizaciones generales transitorias. 

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Prescindamos también de los negocios ficticios y de las operaciones especulativas, que el sistema de crédito estimula. En estas condiciones, las crisis sólo podrían explicarse por una desproporción entre las diversas ramas de la producción y por la desproporción entre el consumo de los capitalistas mismos y su acumulación. Pero, tal como se plantean en realidad las cosas, la reposición de los capitales invertidos en la producción depende en gran parte de la capacidad de consumo de las clases no productivas, mientras que la capacidad de consumo de los obreros se halla limitada en parte por las leyes del salario y en parte por el hecho de que estas leyes sólo se aplican en la medida en que su aplicación sea beneficiosa para la clase capitalista. La razón última de toda verdadera crisis es siempre la pobreza y la capacidad restringida de consumo de las masas, con las que contrasta la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como si no tuviesen más límite que la capacidad absoluta de consumo de la sociedad.” (K. Marx. EL Capital, Libro III, TII, Capitulo XXX, pág. 204, 205. Akal)

Los despidos de hoy son la antesala del desempleo y precariedad masiva por venir 

    En la sociedad capitalista el pleno empleo no existe. No ha existido nunca salvo en periodos excepcionales en ciertos países provocados por guerras. Esto fue así en el periodo de la II Guerra Mundial en EEUU. Incluso en periodos de crecimiento y expansión económicos como fue el periodo posterior a la II GM en Europa el desempleo, es decir una parte de la población en edad de trabajar estaba en paro, no desapareció totalmente. El desempleo además, ha sido y es la causa fundamental de las migraciones, del campo a la ciudad, de los países pobres a los más desarrollados.

Entonces, ¿Cómo es posible que en una sociedad que reconoce el derecho al trabajo en todas las Constituciones del mundo e incluso su obligación, no sea posible la erradicación de la lacra social del paro? Pues, como demuestra la evidencia, el desempleo no desaparece porque es consustancial al capitalismo y necesario para su mantenimiento.

Para entender el paro estructural masivo que vamos a tener hay que volver al proceso de acumulación capitalista.

En el proceso de acumulación de capital la obtención de plusvalía es vital, porque los beneficios se realizan con ella al vender las mercancías. Recordemos que la plusvalía es la parte no pagada del tiempo de trabajo del trabajador o trabajadora. La diferencia entre el salario y todo el valor producido en la jornada de trabajo por los asalariados. 

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Marx estudió esta tendencia del capitalismo demostrando que invariablemente la necesidad de abaratar los productos les lleva a unas inversiones de capital constante tan enormes que las ganancias tienden a decrecer, lo cual hace necesario que necesite para recuperar las ganancias incrementando la plusvalía. Esto significa bajar los salarios y para ello dejar en paro a una fracción de la clase obrera. El ciclo lleva irremediablemente a la paralización de la producción y ésta “dejará ociosa a una parte de la clase obrera y con ello, la parte que trabaja se verá colocada en condiciones en que no tendrá más remedio que acceder a una baja de salarios, incluso por debajo del nivel medio; operación ésta que tiene para el capital exactamente los mismos efectos que si, manteniendo el nivel medio de los salarios, aumentase la plusvalía relativa o absoluta [...] la baja de los precios y la lucha de la competencia sirven, además, de estímulo a cada  capitalista para aumentar el valor individual de su producto total por encima de su valor general mediante el empleo de nuevas máquinas, de nuevos métodos de trabajo perfeccionado y de nuevas combinaciones, es decir, haciendo que disminuya la proporción del capital variable (salarios) con respecto al constante (maquinaria, edificios…) y dejando con ello sobrante (en desempleo) a una parte de los obreros, en una palabra, creando una superpoblación artificial. (Las negrillas son nuestras) K. Marx. EL Capital, Libro III, TI, Capitulo XV, pág. 87. Akal

   Grosso modo, si introducimos un robot en la cadena el coste de este, más la materia prima, tiene que compensarse con una plusvalía mayor para la rentabilidad final de los beneficios. Por ello a mayor innovación y coste de la inversión las ganancias bajan y la única solución es reducir los salarios, precarizar la mano de obra - ETT-, o dentro del proceso de trabajo prolongar la duración e intensidad de la jornada de trabajo hasta sus límites sociales -horas extras etc-. [9] 

El crecimiento del capital aumenta la demanda de trabajo, pero la mecanización sustituye a los obreros por máquinas y reduce, en consecuencia, la demanda de trabajo. Esto permite presionar a la baja los salarios puesto que el paro empuja a escoger condiciones y salarios mas precarios. Si por el contrario existiera pleno empleo los salarios tenderían a subir por la escasez de mano de obra y entonces el proceso de acumulación se interrumpe porque al subir los salarios se obtienen menos beneficios. Esto a su vez implica una población en paro, un ejército de trabajo de reserva que permita al capital tener salarios bajos y precarios. (ver nota 9 a pie de página)

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[9]    “Como   cualquier    desarrollo   de    la   fuerza   productiva    del    trabajo,

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la maquinaria) debe abaratar las mercancías y reducir la parte de 9 la jornada laboral que el obrero necesita para sí, a fin de prolongar la otra parte (de la jornada de trabajo), en que trabaja gratuitamente para el capitalista. Es un medio para la producción de plusvalía.” K. Marx, El Capital, Libro I, TI, pág. 79 Akal.(los paréntesis son nuestros)

    De hecho es lo que ahora con la Covid se está haciendo, despedir para tener la patronal “un ejército de trabajadores en reserva” para el futuro. Los cerca del millón de trabajadores en ERE, en proceso de despido más los que ya lo están (3.722.900, el 16,26%, según la EPA 3III 2020). Un informe de UGT muestra que de cada 100 trabajadores 35 “afrontan una situación de precariedad: 20 cuentan con un empleo precario temporal (a jornada completa), 8 con uno parcial (indefinido) y 7 sufren una situación de precariedad laboral extrema, soportando un contrato temporal a jornada parcial.” Prácticamente más del 51% de la clase trabajadora en España está en paro o trabajando en condiciones salariales y de temporalidad indignas. Son los jóvenes y las mujeres las que sufren esta precariedad (el 58% son temporales y el 50% de los jóvenes están en paro y las mujeres por partida doble: 6 de cada diez están desempleadas).

    En conclusión la estrategia del capital en la actual crisis pasa por la creación de “un ejército industrial de reserva” que prepara las condiciones de nuevas ganancias en el futuro y mayor explotación. Todo el sistema funciona para la obtención de beneficios y estos sólo se pueden obtener del mundo del trabajo en lo que se llama plusvalía. Ésta no es más que la parte producida y no pagada del trabajador. Es la diferencia entre el salario y las mercancías producidas en la jornada de trabajo y a esto se llama plusvalía o plusvalor. Si por ejemplo un trabajador produce en 4 horas el valor de su salario las otras 4 restantes serán el beneficio del capital y que no se paga y es el origen de la desigualdad y la explotación del capital. [10]

    Es así que el sistema capitalista nos lleva a la barbarie para enriquecer al capital y sus dueños y por el contrario incapaz de producir y organizar la sociedad para el interés público y el bien común. Esto último sólo podrán realizarlo las fuerzas del mundo del trabajo en una sociedad fraternal y humana donde los medios de producción sean de los que trabajan, propiedad de la sociedad y al servicio de ella.

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[10] En palabras de Marx: “La producción capitalista no sólo es producción de mercancía; es, en esencia, producción de plusvalor. El obrero no produce para sí, sino para el capital. Por tanto, ya no basta con que produzca en general. Tiene que producir plusvalor. Sólo es productivo el trabajador que produce plusvalor para el capitalista o que sirve para la autovalorización del capital. Si se nos permite ofrecer un ejemplo al margen de la esfera de la producción material, digamos que un maestro de escuela, por ejemplo, es un trabajador productivo cuando, además de cultivar las cabezas infantiles, se mata trabajando para enriquecer al empresario. Que este último haya invertido su capital en una fábrica de enseñanza en vez de hacerlo en una fábrica de embutidos, no altera en nada la relación. El concepto de trabajador productivo, por ende, en modo alguno implica meramente una relación entre actividad y efecto útil, entre trabajador y producto del trabajo, sino además una relación de producción específicamente social, que pone en el trabajador la impronta de medio directo de valorización del capital.” Op.cit. Capítulo XIV, Plusvalor absoluto y relativo, pag. 256.

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el capital. Por tanto, ya no basta con que produzca en general. Tiene que producir plusvalor. Sólo es productivo el trabajador que produce plusvalor para el capitalista o que sirve para la autovalorización del capital. Si se nos permite ofrecer un ejemplo al margen de la esfera de la producción material, digamos que un maestro de escuela, por ejemplo, es un trabajador productivo cuando, además de cultivar las cabezas infantiles, se mata trabajando para enriquecer al empresario. Que este último haya invertido su capital en una fábrica de enseñanza en vez de hacerlo en una fábrica de embutidos, no altera en nada la relación. El concepto de trabajador productivo, por ende, en modo alguno implica meramente una relación entre actividad y efecto útil, entre trabajador y producto del trabajo, sino además una relación de producción específicamente social, que pone en el trabajador la impronta de medio directo de valorización del capital.” Op.cit. Capítulo XIV, Plusvalor absoluto y relativo, pag. 256.


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