Paraíso para los unos, infierno para los otros 

22 de noviembre del 2017-Mario Diego 

La prensa, con la publicación de los Paradise Papers, levanta, apenas, una punta del tupido velo que los capitalistas han y mantienen corrido, enérgicamente, para tapar sus prácticas de piratería. Mientras, por un lado, explican a las clases populares que el sacrificio que se les pide, para levantar el país y salir de la crisis, es una necesidad, por el otro, organizan evasión o elusión fiscal – entendamos por elusión evasión legal – a escala industrial. Esto dicho, no nos equivoquemos, los Paradise Papers por mucho que añadan indignación a la ya generada por los de Panamá, no tendrán mayor consecuencia para los ricos defraudadores.

La reina de Inglaterra; Santos, presidente de Colombia; Xavier Trías, ex-alcalde de Barcelona, a los que también tendremos que añadir algunos más –la lista sigue alargándose– son únicamente la punta del iceberg. Nike, Apple, Coca-Cola, a las que hay que sumar las principales empresas del Ibex-35, quienes multiplican sus filiales en paraísos fiscales, particularmente los bancos, son la parte sumergida. A la fiscalía española, la evasión o elusión fiscal, practicadas exclusivamente por las grandes empresas, le cuesta 5.000 millones al año.

“Los paraísos fiscales, el secreto bancario, se acabó”, proclamaba Sarkozy en 2009. ¡Dudoso chiste! ¿Y qué pensar de la indignación de Moscovici, actual comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, e incluso de la misma Unión Europea? ¡Difícil no tratarlos de hipócritas! En el propio territorio europeo, países miembros como Bélgica, Irlanda o Países Bajos, –gracias a una ventajosa fiscalidad– ven dispararse las domiciliaciones fiscales de muchas empresas, entre las cuales españolas.

Las grandes empresas, como los grandes burgueses, nunca han ganado lo que están ganando y tanto las unas como los otros, nunca han pagado tan pocos impuestos. No solo amasan fortunas explotando a millones de asalariadas y asalariados, sino que son reacios a facilitar el funcionamiento de la sociedad cumpliendo con la fiscalía de sus países respectivos. Más allá de la isla de Jersey o la de Man, de Panamá o de las Bermudas, el verdadero escándalo se sitúa en el hecho de que la sociedad capitalista es un paraíso para los explotadores y un infierno para los explotados.

Las eléctricas, van ganando en los nueve primeros meses de este año, más de 4.000 millones de euros; 5 millones de personas siguen teniendo dificultades para satisfacer sus necesidades energéticas básicas. Desde el comienzo de la crisis bancaria, los principales bancos están ganando una media de 8.000 millones de euros por año; centenas de miles de personas siguen haciendo frente, con dificultad, a las consecuencias de sus desahucios pasados o presentes. Este año, Amancio Ortega verá caer en su bolsillo 1.256 millones de euros, mientras que las trabajadoras de Bershka tuvieron que ponerse en huelga para ver su sueldo incrementado en 40.

A la burguesía no le bastan los miles de millones atesorados, ni que sus empresas o negocios estén más sanos que una manzana. Nos está dejando claro que, a pesar de sus arcas rebosadas, aún quiere más. Como también está claro, que esa riqueza acumulada, no le sirve para mejorar el funcionamiento de la economía salvaguardando los intereses de la colectividad, no, esa riqueza sirve exclusivamente para la especulación. Especulación que invariablemente nos sumerge en sucesivas crisis económicas, cada vez más agudas, y que nos acabarán arrasando si dejamos en sus manos la sociedad. Paraíso para los unos, infierno para los otros.


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